Home > libros y dvd > Historia de los abuelos que no tuve
historia

Partí como historiador, tras las huellas de los abuelos que no tuve. Sus vidas se terminan mucho antes de que la mía comience: Mates e Idesa Jablonka son tan parientes míos como absolutos desconocidos. No son famosos. Se los llevaron las tragedias del siglo xx: el estalinismo, la Segunda Guerra Mundial, la destrucción del judaísmo europeo, Auschwitz.
Para escribir este libro, me dediqué a hurgar con frenesí en decenas de archivos y me entrevisté con numerosos testigos en Francia, Polonia, Argentina, Israel y Estados Unidos, esforzándome por abarcar lo más posible, pues una biografía sólo tiene valor si da lugar a la comparación entre individuos: el estudio de la nieve humana debe revelar la potencia de arrastre de la avalancha y, a la vez, la irreductible delicadeza del copo.
Creo que la distinción entre nuestras historias de familia y lo que quiere denominarse Historia, con su pomposa mayúscula, no tiene sentido. En rigor de verdad es lo mismo. No están, por un lado, los grandes de este mundo, con sus cetros y sus intervenciones televisadas y, por el otro, el vaivén de la vida cotidiana, las iras y las esperanzas sin porvenir, las lágrimas anónimas, los desconocidos cuyo nombre se oxida en el pedestal de un monumento dedicado a los muertos o en algún cementerio del interior del país. No hay más que una única libertad, una única finitud, una única tragedia que hace del pasado nuestra mayor riqueza y la fuente de veneno en la cual se sumerge nuestro corazón. Hacer historia es prestar el oído a la palpitación del silencio, es intentar sustituir la angustia, intensa hasta el punto de bastarse a sí misma, por el respeto triste y dulce que inspira la condición humana.
Me propuse escribir un libro sobre la historia de mis abuelos, o más bien un libro de historia sobre ellos porque quise conocerlos. Y también, porque devolverles el rostro a los desaparecidos es reparar el mundo.